|
Tú
hiciste artes marciales como boxeo,
karate, taekwondo... ¿cómo
llegaste a practicar Tai
Chi?
En Taiwan, en la
universidad del centro de estudios Chino
mandarín, encontré una
persona llamada Sr. Liu que era maestro de
ópera china y también
hacía tai chi. Un día me
invitó a conocer su tai chi. La
forma de tai chi que hacía
él era más bien una forma
propia. Empecé a practicar esta
forma. Después del año 65
volví a Inglaterra para estudiar en
la universidad de Cambridge. Yo estudiaba
el chino clásico y allí
había un profesor llamado Dr. Lau
que era profesor de chino clásico y
primer traductor del Tao Te king del chino
al inglés. Era una persona muy
intelectual y su traducción fue la
mejor en nuestro tiempo. Esta persona
también enseñaba tai chi.
Tenía un pequeño grupo de
práctica de este arte. Igual
éramos seis personas y lo
practicamos juntos. El Dr. Lau era nuestro
profesor pero más bien
éramos un grupo de amigos y se
despertó algo en mí sobre
tai chi y sobre la antigua cultura china
misma. En esta época yo aún
hacía karate y taekwondo pero el
arte del tai chi me atrajo cada vez
más. Por otra parte yo me
sentía limitado con las artes
marciales, estaba harto de competencias,
tener un grado de cinturón y querer
ser buen karateka. Los amigos que
tenía entonces hablábamos de
filosofía pero en realidad eran muy
competitivos y les gustaba ganar, en
cambio el tai chi me llegaba más en
profundidad. En aquel momento yo
tenía 17 años y era un joven
con un carácter muy fuerte, lleno
de inquietudes y estaba muy involucrado en
los años 60 en Inglaterra.
Había movimiento y mucha
búsqueda sobre política y
espiritualismo, pero todo estaba tan
mezclado como una gran ensalada.
Entonces el tai
chi parecía ser como de otro
planeta. A mi me dio calma y me
permitió encontrar algo diferente.
Cuando miraba la situación de mi
vida, la situación de la gente, el
país y de toda Europa sentía
que el tai chi podría ser
válido en algún sentido. No
sabía cómo expresarlo pero
lo sentía. A decir verdad era con
la única cosa con la que yo estaba
a gusto. Me ayudó a bajar el ritmo
y conectar conmigo mismo. Muchos
años después pude encontrar
una manera de trasmitir las cualidades del
tai chi.
¿Cómo
evolucionado tu práctica como
maestro desde el inicio hasta
ahora?
Durante los
primeros años de la década
de los 60 yo estuve con el maestro budista
tibetano Trumgpa Rimpoche y estaba muy
implicado con sus enseñanzas.
Más tarde él se
trasladó a Estados Unidos (desde
Inglaterra) y la gente que estaba con
él, en su mayoría, le
siguieron. Pero yo decidí quedarme
en Europa y él también me
aconsejó que me quedara a explorar
y profundizar en mi práctica
espiritual con Dhiravamsa. En ese momento
Dhiravamsa era el abad del monasterio
budista Tailandés en Inglaterra.
Él tenía ciertas ideas pero
eran un poco conflictivas con la
tradición de su linaje, por
ejemplo, incorporar el trabajo con el
cuerpo en la vida espiritual.
Así pues
él decidió renunciar al
hábito de monje y yo le
apoyé. A principios del año
70 él me dijo que tenía la
misión de montar un centro y me
invitó a ayudarle, pero en aquel
momento no tenía dinero ni fondos.
En el año 1975 alguien le
apoyó para montar el centro y
Dhiravamsa me llamó para trabajar
con él. Su centro era muy
experimental, utilizaba las
técnicas tradicionales
asiáticas mezcladas con las
técnicas occidentales, en el centro
también se hacía trabajo de
psicoterapia. Mi primer papel fue
enseñar tai chi y
meditación. Mi primera mujer
enseñaba Yoga. Trabajamos con la
gente que había sufrido tanto a
nivel físico como a nivel
psicológico y también
trabajábamos con los budistas
tradicionales. El centro llegó a
ser famoso porque en aquella época
había muy poca gente que se
dedicara a trabajar de esa manera en
Europa.
Mi profesor de
tai chi , el Sr. Lao despertó algo
importante en mí. Su manera de
enseñar no era muy tradicional;
como lo hacen algunos maestros que
enseñan a sus discípulos y
ellos copian todo exactamente como de un
modelo sin poder crear nada. Era algo como
compartir la práctica con los
amigos. Es por eso que yo tampoco
podía hacer algo tradicional y
enseñar de esa manera.
Nuestro centro
era muy experimental y yo, mientras
enseñaba tai chi y
meditación, también estaba
aprendiendo sobre los sueños con
una doctora de la escuela de Karl Jung.
También y al mismo tiempo estudiaba
sobre Bio-Energía. Durante 3
años trabajamos y probamos diversos
métodos, tai chi, terapias, body
work y meditación. Seguramente
cometimos algunos errores pero aprendimos
mucho.
En estos
años el tai chi era algo muy nuevo
en occidente. En los años 70 en
Inglaterra habían 3 o 4 maestros
chinos que hacían tai chi pero
parecía que no les interesaba
compartirlo con la gente extranjera y
sólo lo enseñaban en su
comunidad.
Así yo
estaba más libre de hacer lo que
creía en la enseñanza pero
quería evitar situarme como un
maestro y también quería
evitar aquel sistema de enseñanza
piramidal. Yo quería una manera de
enseñar y trasmitir más
abierta donde los alumnos o participantes
tomaran su responsabilidad de practicar
para conectar consigo mismo a
través de la práctica. Creo
que el arte del tai chi no se puede
importar tal como se hace en Asia, tenemos
que adaptarlo e integrarlo en la vida
actual con la cultura donde se practica.
Creía que esta manera era mucho
más sana y también esta era
la característica de nuestra
comunidad.
De hecho yo nunca
había pensado ejercer este rol ni
de esta manera, fue por casualidad. Pero
tenía una misión y
sentía que el tai chi iba a ser
importante para ayudar a ralentizar el
ritmo de la mente, conectar con nuestro
propio centro y tener un camino de
corazón para
desarrollarnos.
Cada vez somos
más personas las que estamos
enseñando Tai Chi en España
y cuyo origen ha sido tu enseñanza.
¿Qué puedes decirnos a las
personas que seguimos este camino o las
que quieren ser profesores?
Después de
los años 80 yo salí de la
comunidad, del centro en Inglaterra. Pero
el interés sobre el tai chi estaba
creciendo cada vez más y la gente
seguía pidiendo recibir esa
enseñanza. Después del
año 1985 trabajamos en un centro de
una comunidad en España. Ahí
se inició el primer grupo que,
cuando se acabó la comunidad en la
que estaban, decidieron dar clases de tai
chi. Todo fue sin establecer una escuela
"de reglas fijas". Yo quería que
cada uno de los alumnos que formaba se
sintiera libre para integrar lo que
hacía; por ejemplo, algunos
hacían gimnasia holística,
otros danza o terapia, etc. Algunos
querían profundizar más en
el empuje de manos o el qi gong, incluso
decidieron formarse con otros maestros.
Creía que
este arte siempre puede enriquecerse y
desarrollarse en este sentido. Yo estaba
en contra de una manera demasiado
tradicional que pudiera estancarnos y sigo
creyendo en ello.
La
filosofía del tai chi es un arte
vivo y está evolucionando. De todos
modos quería que la gente que yo
formaba supiera bien lo básico del
tai chi, los ejercicios básicos de
qi gong, la forma corta y larga, los
ejercicios marciales, el aspecto
meditativo, las teorías
básicas de la medicina china y su
filosofía. Y por otro lado
quería acentuar el desarrollo
espiritual, esto se refleja al intentar
responder sobre nuestra realidad,
"¿dónde estoy? ". Para
mí, el nivel más profundo de
la práctica es la actitud de rezar,
porque la meta del tai chi es amor, paz y
armonía. Sí queremos ir
más en profundidad tenemos que
trabajar en este terreno.
Los que
están enseñando en el nombre
de esta escuela o en mí nombre
espero que estén de acuerdo . Otra
cosa es sí lo haces o no, eso
pertenece a la responsabilidad de cada
uno. A la hora de transmitir cada uno ha
de decidir la manera. Esta cualidad
espiritual es lo que yo quería
transmitir en el modo de ser profesor o
profesora de tai chi.
Tanto alumnos
como profesores a veces nos vemos
envueltos en la ansiedad y las prisas de
aprender y enseñar.
¿Qué puedes decir sobre
esto?
La paciencia es
una arte para ralentizar y volver al
centro. Yo estoy empezando a
enseñar a los principiantes. Algo
que desde hace mucho tiempo no hacia, pero
ahora lo hago con placer. Y aconsejo a la
gente que olvide muchas cosas que sabe y
les pido que se relajen. Se trata de no
tener ambición de resaltar y
dominar. No ir en busca de cosas nuevas
tal como vamos al mercado consumiendo
siempre con ganas de absorber y ganar otra
identidad. Se tarta de encontrar tu propio
camino. Hay que tomarse tiempo, disfrutar
y vivir con lo que estás haciendo.
Es como una celebración que te da
lo sagrado de la vida y fluye en tu
cuerpo, no es un deber, no es algo que se
tiene que " dominar". Relajarse y quedarse
con pocas cosas en vez de ampliar tu
conocimiento. Se trata de profundizar en
aquello que tienes que
trabajar.
Los problemas de
la vida no tienen solución
simplemente por hacer tai chi, pero espero
que la sensibilidad que se desarrolla y
despierta a través de la
práctica , nos ayude a vivir con
más coraje y más claridad.
No se pueden evitar los problemas de la
vida pero sí nos podemos permiter
vivirlos diferente. El tai chi es una
herramienta para vivir mejor con
más cariño y
amor.
¿Qué
significado tiene que en los
últimos años te hayas
dedicado a trabajar en *Human Development
Foundation en Tailandia y qué
quieras compartir con nosotros esa
experiencia? Y ¿Qué significa
el servicio a los otros y la
entrega?
Por
circunstancias personales tuve que volver
a mi país para cuidar a mi madre y
ayudar a un viejo amigo de la familia.
Decidí hacer algo muy sencillo,
empezando desde cero , aplicando lo que
había aprendido y enseñado
durante todos estos años. En la
Fundación he aprendido mucho; como
utilizar la sensibilidad del tai chi
ayudando a la gente. Aunque no quiero
decir que la gente que hace tai chi haya
de buscar este tipo de trabajo, es algo
muy personal. Ha sido una época de
mi vida muy importante el dar y ofrecer
con una simple entrega. Verdaderamente eso
me llena y es un trabajo que me
desafía mucho, es muy interesante.
Si tu quieres hacerlo no es necesario
trabajar en un hospicio puedes hacerlo con
tu vecino o con la gente más
próxima.
La
última pregunta, ¿cómo
definirías las
características de la
enseñanza de esta escuela o esta
tradición?
No pretendemos
aumentar el poder del maestro ni de la
jerarquía tradicional. El profesor
está aprendiendo constantemente.
Aprender a saber respetar a los alumnos
como si fueran nuestros maestros porque
aprendemos mucho de ellos. Tenemos que
cuidar cada experiencia y cada compromiso
personal. No nos olvidamos de la
noción de amor, paz y
armonía; intentamos recuperar el
fondo filosófico de la
práctica que viene del
taoísmo y del budismo e intentamos
vivirlo en nuestra manera de
trasmitir.
Hay gente que
piensa que el tai chi es la forma de los
movimientos que hacemos, pero no
sólo es esto. Tenemos que saber el
sentido que hay detrás de ello y
buscar la manera de ofrecer algo completo.
Igual esto puede cambiar el modo de ver la
vida.
|