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Maestro
de diversas disciplinas
de artes marciales.
Nacio en Bangkok en
1974.Ha practicado boxeo
thailandes, boxeo
occidental, karate, tae
kwon y
tai-chi.
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¿Cómo
defines el
Tai-chi
teniendo en
cuenta que hay
muchas escuelas
y muchas
líneas
de trabajo en
estos
momentos?
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TEW:
Sí
que hay muchas
escuelas y
muchos estilos,
estamos
inundados por
Tai Chi y Qi
Gong, es un
poco como una
moda. Tai Chi
es algo muy
sencillo, es un
lenguaje
universal que
nació en
China. Es un
lenguaje de
movimientos
arquetípicos
dentro del cual
hay movimientos
que expresan la
emoción
que nos permite
vivir, por
ejemplo, esas
energías
que llamamos
yin y yang que
son nada
más que
círculo
y línea,
recibir y dar.
Saber esto es
un punto clave
para integrar
nuestro cuerpo
en las
situaciones de
la vida con el
lenguaje del
Tai Chi. Cuando
hacemos,
recibimos y
transmitimos
energía
quizás
podemos vivir
con más
plenitud porque
estamos
viviendo cada
situación
con el cuerpo
como base. El
problema en el
mundo, sobre
todo en
sociedades
donde se ha
desarrollado
mucho lo
intelectual es
que hemos
perdido el
cuerpo. Sobre
todo en
culturas donde
el cuerpo
representa algo
sucio, algo
escondido, algo
alienado y
lejos de
nosotros
mismos. Donde
el espacio por
debajo del
cuerpo asusta,
representa el
pecado. El Tai
chi sirve para
recuperar la
conexión
con tu cuerpo y
a mí me
parece que es
esencial, si
vamos a vivir
sin violencia,
con
cariño,
mirar el cuerpo
de otra manera;
integrar la
sensibilidad,
el cuerpo en
nuestra
búsqueda
de la bondad,
por ejemplo.
Creer en la
bondad, en la
paz, en salvar
el planeta son
buenas ideas,
pero sin vivir
con nuestro
cuerpo, sin que
nuestro cuerpo
sepa
cómo es
anidar sobre la
tierra,
cómo es
sentir las
vibraciones que
le rodean, la
bondad y la paz
quedan como
meras ideas. Si
pudiéramos
integrar
nuestro cuerpo
en nuestro yo
viviríamos
más
completamente,
ya que el
cuerpo es
también
la
vida.
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Para
el mí el
Tai Chi es el
medio, no es la
meta. El
peligro es que
en el
supermercado de
lo alternativo
está
deviniendo algo
que se compra,
una
posesión
donde uno
trabaja con tal
y tal maestro y
conoce esta y
aquella forma
diferente. Esto
me parece
ridículo.
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El
Tai Chi tiene
que ser algo
sencillo, no
una
complicación
para tener
más y
más que
aprender. Todos
estamos hartos
desde el
colegio de
tener que
aprender tantas
tonterías,
lo hermoso de
este lenguaje
del Tai chi es
que nos permite
deshacer y
desaprender.
Cosas como la
violencia, la
rabia, la
impaciencia,
las angustias
que
están en
el cuerpo,
cosas que no
hemos podido
afrontar con
suficiente
honestidad. Si
no enfrentamos
estas
cualidades
negativas en el
cuerpo quedamos
viviendo como
una vida
separada. Por
un lado creemos
en la bondad,
queremos vivir
bien pero, por
otro, el cuerpo
no nos lo
permite, porque
el cuerpo es el
paciente. El
cuerpo
está
rabioso,
está
bloqueado, ya
no sabe como
respirar. Se
trata de volver
a
sensibilizarlo
para volver a
respirar, de
recuperar el
cariño
en el
cuerpo.
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Hay
mucha gente que
se
extraña
de que el
Taichi tenga
una base
marcial ya que
consideran que
la vía
espiritual
tiene que estar
lejos de
cualquier tipo
de
violencia.
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TEW:
Aparte del
significado
habitual de la
palabra
marcial, para
mí
entraña
realmente vivir
como guerrero.
Y creo que en
un momento dado
si queremos
vivir bien, con
cariño
en nuestra
vida, tenemos
que afrontar la
violencia en
nosotros
mismos. Hay
muchas maneras
de hacerlo, con
terapia, por
ejemplo. El
arte marcial es
un camino de
enfrentar el
patrón
de miedo y
violencia que
tenemos casi
todos. Cuando
evitamos esto,
cuando no
queremos tratar
con este
patrón,
vemos que no
desaparece con
ideas y queda
de una manera
subliminal
dentro de
nosotros. Por
eso vemos
históricamente
en nuestras
culturas
cómo
hombres y
mujeres que
creen en una
religión
y en dogmas muy
altos son
capaces de
matar por su
dios, por una
idea. Y eso es
una
contradicción
que me choca. A
veces en una
misma
religión
se da la
hostilidad
entre sus
diferentes
sectas.
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Es
que la
violencia
está
dentro. En
cambio, si
estamos dentro
de un arte
marcial de
verdad, como
cuando
trabajamos este
aspecto en
nuestros
encuentros,
vamos
enfrentando
esas pasiones
fuertes en una
situación
más o
menos segura,
sin riesgo. Nos
ofrece una
situación
donde podemos
investigar los
patrones de
violencia que
tenemos dentro.
Muchas
líneas
de Tai Chi no
entran en este
nivel marcial
pero nosotros
creemos que es
fundamental. No
luchamos para
ser buenos
luchadores, ni
para ganar al
otro, sino para
entender lo que
está
dentro de
nosotros sin
hacer
daño.
Utilizando el
lenguaje del
Tai Chi con
habilidad
empezamos a
entender
nuestro
patrón
de agresividad
y miedo y se
puede deshacer.
Por eso no hay
contradicción
entre arte
marcial y
camino
espiritual. El
uno es una
buena base para
desarrollar el
otro. Con este
entrenamiento
tú
puedes darte
cuenta
dónde
están
tus miedos y
bloqueos,
cuándo
proyectas en el
otro el poder,
de qué
tienes miedo en
cualquier
situación,
etc.
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Siguiendo
con la
pregunta,
¿cómo
ves el hacer
combate en Tai
chi para las
mujeres, a las
que
culturalmente
se les ha
negado su
expresión
de fuerza y
defensa?,
¿puede ser
una
alternativa?.
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TEW:
Puede ser
una alternativa
revolucionaria.
He visto muchos
cambios en
mujeres que
vienen a los
cursos. Mujeres
que tienen
miedo,
atrapadas en su
imagen de
mujer, que no
pueden hacer
esto o aquello,
que no pueden
expresarse. Sin
embargo he
visto a mujeres
dar patadas
como elefantes,
con la
alegría
de poder
expresarse
libremente sin
inhibiciones.
Aunque el
lenguaje
marcial es
disciplinado,
sutilmente te
permite
expresar cosas
que
quizás
desde
niño no
has expresado.
Veo la lucha no
como
competición
sino como
juego. Hemos
perdido el
juego de caer,
dar patadas y
golpes con
humor. Y este
aspecto de
juego es muy
importante,
volver a jugar
con nuestro
cuerpo.
Integrar el
cuerpo,
celebrar que
tenemos un
cuerpo,
simplemente el
hecho de mover
los brazos
conscientemente.
Esto nos
permite vivir
de una forma
más
ligada a la
naturaleza, no
como idea sino
como
energía.
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¿Qué
relación
podemos
encontrar entre
el Tai chi y la
psicoterapia ya
que hablas de
patrones que
hemos de
cambiar, y
también
el trabajo con
las
emociones?.
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|
TEW:
Es terapia
oriental de
alguna manera,
sin
análisis
pero yendo
directamente al
cuerpo. El Tai
Chi, que mucha
gente asocia
con movimientos
suaves,
requiere
nuestro trabajo
para llegar a
la suavidad
auténtica,
a movimientos
verdaderamente
silenciosos,
que no esconden
ruidos, que no
reprimen
tensiones, y
eso se ve en
muchas
personas. Se
trata de
deshacer el
ruido, las
tensiones y, en
ese sentido, es
muy parecido a
la Gestalt. Has
de mirar tu
cuerpo y tu
presencia desde
todos los
ángulos,
desde el
interior de ti
mismo. Nuestro
cuerpo es
nuestra
historia en las
posturas, en la
manera de hacer
cosas. Cuando
entramos en la
vida interior
del cuerpo
vamos a
encontrar los
daños
que hemos
recibido, los
traumas que
hemos sufrido.
Pero a
diferencia de
las terapias
occidentales,
nosotros no
intentamos
analizar.
Entender el por
qué no
nos interesa
mucho. Lo que
más nos
interesa en
este nivel
terapéutico
es cómo
transformar
cada momento y
mantener tu
conciencia.
Éste es
el punto clave,
esto es saber
lo que pasa
dentro de ti, y
esto es lo que
transforma.
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En
esta
transformación
la disciplina
es muy
importante,
¿cómo
entiendes
tú la
disciplina
espiritual?.
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TEW:
No como
alguien
conformándose
a otro o a
reglas
impuestas desde
afuera.
Entiendo la
disciplina como
el aprender
quién
soy. Debe nacer
de la
curiosidad de
nosotros
mismos. No es
algo que se
pueda imponer
desde fuera. La
disciplina que
se propone
desde fuera no
tiene para
mí mucho
interés.
Porque a veces
ésta
sirve para
complacer a una
figura de padre
que está
ahí.
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Creo
que en ciertos
momentos de la
vida, tal vez
debido al
sufrimiento,
uno se pregunta
quién
soy. No es una
pregunta de
alta
filosofía
pues los
niños se
preguntan
también
quién
soy,
quién
eres tú.
Es muy
inocente, muy
primal. Pero
cuando nace
esta pregunta
encontramos que
no hay apoyo,
que nadie sabe,
o si sabe es a
través
de una vieja
contestación
que no tiene
vibración.
Creo que en
varios caminos
espirituales
Yoga, Tai Chi,
etc, hay la
posibilidad de
continuar con
esta
curiosidad.
Pero para
continuar
requerimos algo
claro y
definido y esto
es la
disciplina. Si
quieres seguir
por este camino
puedes
encontrarte a
veces en
situaciones de
desafío.
Por ejemplo una
posición
inmóvil
justamente para
saber
cómo es
de parar de
correr. Si no
te pones en
esta disciplina
de sentarte en
un
cojín,
no vas a saber
realmente,
sólo
intelectualmente
qué es
pararte. La
meditación
también
nace de la
curiosidad de
saber
qué es
el silencio,
qué
sucede cuando
paro de hacer
cosas,
qué pasa
con mi
respiración,
en mi cuerpo,
en mi mente,
qué pasa
en mi
corazón.
No es "tengo
que hacer la
meditación
para ir, por
ejemplo, al
'cielo' o algo
así". Y
esta curiosidad
es algo que
intento
transmitir a
mis alumnos. La
disciplina
externa es algo
que se rechaza
pero
simultáneamente
uno quiere
conformarse a
ella para
complacer a
alguien. En
general, la
mayoría
la rechazamos
porque nos
recuerda la
escuela. Por
eso tenemos que
cambiar todo y
buscar la
disciplina que
viene de
nosotros, de
dentro. No
tendremos
contradicciones,
nuestra
práctica
la sentimos
vibrante, es un
gozo porque no
la sentimos
como trabajo,
desde la
voluntad. En
cambio la
sentimos como
la
alegría,
no adulando al
ego pero
gozando de la
vida, de la
magia, de la
poesía.
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¿Qué
papel tiene el
sufrimiento
entonces?
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TEW:
Yo me
he criado
dentro del
budismo, de sus
enseñanzas.
La base es que
la vida es
sufrimiento.
Esta capa de
realidad en
donde nos
encontramos se
llama duhka. Es
la primera
verdad noble:
aceptar que hay
sufrimiento,
que tenemos un
cuerpo, que
vamos a
envejecer y a
morir &endash;y
no es
pesimismo, es
nuestro punto
de referencia
para saber de
dónde
partimos y
adónde
llegamos&endash;.
Sabemos que
estamos en este
nivel de
sufrimiento.
Por eso
celebramos los
momentos de
ternura y de
cariño,
de hermosura,
amistad y amor
como momentos
sagrados. Otra
consecuencia de
todo esto es
que, ya que
estamos en
duhka, no hay
por qué
sufrir
más. No
hay por
qué
apegarse a
cosas que nos
hacen sufrir.
Hemos de cortar
el sufrimiento
que no es
necesario.
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A
veces hay una
idea fija al
realizar la
forma precisa
del Tai Chi. Si
embargo,
tú nos
has
enseñado
que si no hay
escucha
interna, en
realidad no hay
verdadera
forma. El
taoísmo
es el arte de
los cambios
donde debemos
adaptarnos a
nuestro
momento.
¿Cómo
ves tú
esta escucha
interna dentro
de la forma del
Tai
Chi?.
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TEW:
Es la parte
más
difícil.
Cómo
desarrollar la
cualidad de tu
conciencia para
captar los
momentos de
cambio.
Aceptamos que
toda la vida es
cambio, en un
flujo
permanente. No
hay nada fijo,
parece fijo
pero ni
siquiera las
ideas o las
cosas lo son.
Es la verdad de
las estaciones,
hay muerte,
renacimiento.
Lo que hay es
una
ilusión
de
permanencia.
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Lo
que intentamos
es armonizarnos
en el flujo.
Hay yin y hay
yang, hay noche
y día,
sombra y luz,
tierra y cielo,
masculino y
femenino.
Aunque obvio
intelectualmente,
vivirlo es otra
cosa. Hay
momentos de
cambio en cada
situación,
en cada
movimiento. Eso
es lo que el
Tai Chi nos
enseña.
Dentro de la
forma que
hacemos en Tai
Chi, por
ejemplo, cuando
un gesto o
movimiento ya
está
lleno, si vamos
un poco
más
allá ya
es demasiado,
hemos
desbordado
algo, nos hemos
alejado de
nuestro centro;
pero un poco
antes,
todavía
no está
lleno. Es como
la
música
donde buscamos
la buena nota,
con la ley de
armonía.
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Cuando
entendemos
estos momentos
de cambio del
lleno al
vacío,
del yang al yin
entonces
estamos en la
forma. Y esto
lo podemos
llevar a
diferentes
situaciones en
la vida, en el
intercambio con
otros si hemos
aprendido a
escuchar, a
recibir, a dar.
Entonces
tenemos
más
capacidad de
dar espacio a
alguien cuando
está
expresando algo
que requiere
nuestra
atención,
nuestra
receptividad.
Para salir de
aquella rutina
en la que uno
habla y el otro
no escucha. Las
guerras se
hacen
así. Es
importante
recibir cuando
es el momento
de recibir y
dar en su
momento.
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