Humedales de la ciudad de Alicante

Much@s alicantin@s desconocen por completo la existencia en su ciudad de varias zonas húmedas que configuran un buen muestrario de la diversidad de estos ecosistemas: el Saladar de Agua Amarga, las Lagunas de Rabassa, el Saladar de Fontcalent, las Lagunas de Fontcalent, el Saladar de la Serreta o el río Monnegre.

Laguna de Rabassa

Laguna de Rabassa (Alicante)

Un desconocimiento que en gran parte se debe al nulo interés del PP municipal en difundir tanto su existencia como la necesidad de su conservación. Nuestra casi inexistente concejalía de medio ambiente ni tan siquiera promueve campañas de educación ambiental en los centros escolares que den a conocer entre las nuevas generaciones esta parte del patrimonio natural de la ciudad.
Ya se sabe que conocer nuestro medio natural es el primer paso para conservarlo. Y que al PP no le interesa nada su conservación, no sea que suponga un obstáculo para pelotazos urbanísticos en marcha como el Plan Rabassa. Un plan cuyo impacto negativo sobre las Lagunas de Rabassa, un humedal de origen artificial, será brutal en el caso de que finalmente no prospere el recurso de EU y otras formaciones políticas y ciudadanas ante el TSJ contra este despropósito urbanístico y medioambiental.
Hoy se celebra el Día Mundial de los Humedales, sin que ninguna actividad municipal dé cuenta de ello. Si EU tuviera la responsabilidad de la Concejalía de Medio Ambiente, nuestro ayuntamiento impulsaría la protección efectiva de estos ecosistemas y organizaría visitas para dar a conocerlos. Visitas a nuestro principal humedal, el Saladar de Agua Amarga, una zona húmeda litoral de origen natural que ocupa unas 300 hectáreas compartidas entre Alicante y Elche y que, pese a haber sobrevivido a sucesivos intentos urbanizadores, sufre en la actualidad el impacto negativo sobre sus niveles hídricos de la desaladora de Agua Amarga, cuyos pozos de bombeo de agua han hecho descender de forma artificial el nivel freático del humedal.
El Saladar lleva varios años sin encharcarse, llueva o no llueva, sin que nadie haya ejecutado hasta el momento una actuación tan simple como abrir la gola que comunicaba las antiguas salinas con el mar a fin de permitir la llegada de agua marina. El Saladar se encuentra protegido sobre el papel desde 2002 -es el único humedal de la ciudad catalogado por la Generalitat- e incluso el nuevo PGOU lo califica como parque público natural, una figura que conviene aclarar que no tiene nada que ver con la de parque natural: Alicante lamentablemente no tiene ningún parque ni paraje natural ni el PP prevé declarar ninguno.
Sin embargo, ni Ayuntamiento ni Generalitat promueven actuaciones para su recuperación ambiental y puesta en valor pese a haber nidificado especies de fauna protegidas como la cerceta pardilla, una anátida que se encuentra en peligro de extinción y cuyas principales poblaciones reproductoras en la Unión Europea se localizan en los humedales del sur de Alicante, de los que el Saladar forma parte. Tan solo el Ministerio de Medio Ambiente ha llevado a cabo actuaciones de recuperación, retirando escombros de algunas charcas y vallando con malla cinegética las 30 hectáreas del humedal que forman parte del dominio público marítimo terrestre desde 2004.
Para terminar, decir que una espada de Damocles pende desde hace muchos años sobre el Saladar: la segunda pista del aeropuerto de El Altet. La última propuesta del Ministerio de Fomento para su ejecución dañaría de forma irreversible el humedal, al ocupar la nueva pista al menos 20 hectáreas de la zona húmeda protegida. Sin duda sería un golpe mortal para la supervivencia de una pequeña albufera litoral transformada en salinas en los inicios del siglo XX cuyo destino en el siglo XXI debería ser su plena recuperación ambiental. Desde EU haremos todo lo posible para que ese destino pueda ser una realidad.

Miguel A. Pavón