Cementerio de Tabarca

La isla de Tabarca no contaba con cementerio y los cadaveres eran sepultados en un corralón de aspecto calamitoso y lúgubre situado a la entrada del pueblo.
Cuando había una nueva defunción se hacia ya imposible cavar una nueva zanja sin encontrar otro ataúd, por lo que se decidió construir un cementerio decente apartado del nucleo urbano.
El último cadáver sepultado en el viejo corralón fue el de Cayetana Ruso Martínez, de 86 años de edad, el 5 de enero de 1913.IMG_20180501_095116

El actual cementerio de Tabarca está situado en la punta oriental de la isla, lindando con los arrecifes donde cormoranes, gaviotas, garzas y otras aves mediterráneas son sus habituales pobladores. Los mismos tabarquinos hicieron su cementerio en ese punto como señalando a la patria ítala perdida. Si se conservaran sus lápidas y su libro de enterramientos estaría bien lleno de los apellidos Ruso, Parodi, Chacopino, Pitaluga, Luchoro y tantos otros de aquellas gentes de origen genovés.

Se encargó del asunto al maestro albañil Tomás Giménez Antón quien estableció las dimensiones del nuevo camposanto.
El pesupuesto ascendió a 2.547 pesetas. De esta cantidad 1.550 pesetas las abonaría el pedáneo – Pascual Chacopino – de la recaudación de las ventas de agua de los aljibes y el resto saldrían directamente de las arcas municipales.

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Las obras terminaron en febrero de 1913. Curiosamente el primer sepultado del nuevo cementerio fue el de Francisco Ruso Martínez, hermano de la anterior y de 89 años.