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BAIX
VINALOPO
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El
litoral del Baix
Vinalopó,
comarca de la provincia
de Alicante formada por
los municipios de Elche,
Santa Pola y
Crevillente, es una
franja de costa
mediterránea de
aproximadamente 30 kmts.
de longuitud
extendiéndose
desde la playa de Agua
Amarga en el norte,
hasta la desembocadura
del rio Segura en el
sur.
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ARTICULOS/
LA PRISTINA SANTA
POLA
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.Articulo:
David Garrido
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La
fiesta de San Jaime,
antaño no laborable, marca
el inicio del particular
éxodo de los ilicitanos a
las playas cercanas, las propias
y las que fueron en otro tiempo
parte del término de la
capital del Baix Vinalopó.
Es una costumbre casi ancestral,
desde que los vehículos de
tracción mecánica
sustituyeron a las
entrañables tartanas y el
litoral se convirtió en
enjambre de humanos en traje de
baño, cuando no
directamente en cueros, que en
nuestras playas cabe todo.El
año pasado, casi por estas
fechas, tuve ocasión de
hablarles del origen de Santa
Pola, esa parte de Elx escindida
en el siglo XIX, que ha pasado de
modesta villa de pescadores a
gran urbe playera, enjambre de
humanos famélicos de sol y
playa que se agolpan sobre un
paisaje mustio por la
proliferación de cemento
por doquier.Hasta que en 1557 el
duque de Maqueda y marqués
de Elx construyó el
castillo y fundó el lugar
de Llocnou de Santa Pola, aquella
parte del litoral, entonces
ilicitano, era tan sólo la
Torre del Cap de
l´Aljub.
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La primitiva
construcción del edificio defensivo
se remonta al siglo XIII, aunque de 1304
es cuando tenemos noticia de su primer
alcaide, el caballero catalán Mateu
de Castellsent. El pequeño complejo
portuario se completaba con dependencias
para pescadores de temporada y un cortijo
que servía de almacén. Sin
embargo, la torre estuvo la mayor parte
del tiempo despoblada y los sucesivos
alcaides poco se preocupaban de dotarla de
guardas. El 4 de abril de 1384 un bajel
sarraceno, posiblemente del sultanato de
Granada, atacó la torre que fue
socorrida a tiempo por los de Elx, que
impidieron que sus guardas fueran
capturados. Y es que la presencia de los
corsarios de ultramar hacía de la
costa un lugar poco apetecible para
establecerse. El 12 de febrero de 1427 es
el propio Consell ilicitano quien decide
reparar la torre y, a propuesta del
alicantino Bertomeu Vidal, construir una
torre en la isla vecina de Santa Pola. La
guerra con Castilla de 1429-30 y la
presencia de una flota corsaria de ese
reino por aguas valencianas forzó
al gobernador de Regne de València
«ençà Xixona» a
proveer de hombres y pertrechos al Cap de
l´Aljub y reparar la torre, que fue
dotada de cubierta abovedada. En 1448 los
castellanos atacaron el Cap de
l´Aljub, que incendiaron y
saquearon.
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Obras y obras.
Las noticias a partir de la
documentación generada por el
Consell ilicitano nos advierten de la
preocupación de las autoridades de
la «vila» por la defensa de su
litoral, expuesto siempre a la posibilidad
de cualquier ataque enemigo. El Cap de
l´Aljub era, en definitiva, un buen
puerto de mar, y eso provocó las
protestas de la vecina Alacant, que
pretendía mantener el monopolio
portuario en el sur del País
Valenciano. El pleito con Alacant se
alargó durante tiempo y fue
necesaria la intervención de las
autoridades de la gobernación, con
capital entonces en Oriola, para obligar a
Alacant a desistir de sus
aspiraciones.
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El Cap de
l´Aljub era un pequeño emporio
pesquero de cierta relevancia. El Consell
quiso controlar su actividad
económica y en diversas reuniones
obligó a los pescadores a vender
sus capturas in situ, o bien que fuese
llevada la mercancía directamente a
Elx. También, para evitar abusos,
la autoridad de la «vila»
actuaba en el establecimiento de los
precios, como comprobamos en la
provisión de 25 de febrero de 1453
que ordenaba que el pescado fuese vendido
a razón de cuatro
«diners» la libra.
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La
aparición del peligro berberisco en
el siglo XVI fue razón para la
construcción de un fuerte con dos
baluartes capaces de resistir a la
artillería enemiga. No obstante la
incursión berberisca más
devastadora que se recuerda entró
por la vecina playa de Pinet en agosto de
1552, encabezada por el argelino Salah
Rais (hay quien lo ha confundido con
Barbarroja) y de la que ya tratamos, por
lo cual me dispensarán que la omita
hoy, en otro artículo de esta
sección dominical.
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El duque de
Maqueda, don Bernardino de Cárdenas
y Pacheco, decidió construir un
castillo convirtiendo la torre en
baluarte, pero las necesidades de la
guerra moderna obligaron, finalmente, a su
demolición. En su lugar se
alzó el nuevo fortín con sus
dos baluartes, hoy uno de ellos
también demolido y una
guarnición a sueldo del duque y
marqués de Elx. De la vieja torre,
la prístina Santa Pola, sólo
sabemos que en 1595 se informa sobre su
desaparición en tiempos
pasados.
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De aquella torre,
a pesar de sus avatares, era responsable
un alcaide que reclutaba a la
pequeña tropa que la custodiaba. La
crítica histórica ha
conseguido saber algunos de sus nombres,
que no está de más que
citemos aquí, para satisfacer la
curiosidad de los amantes de las
antigüedades patrias en general.
Así desde 1304, nombrado por Jaime
II, tenemos al citado Mateu de
Castellsent, Alfons Guillem (1309), Mateu
Puig de Puigcerdà (1361), Bertomeu
Julià (1371), Nicolau Armengol
(1373), Bertomeu de Sant Celoni (1377),
Tomàs de Verdú (1382),
Domènec Quirant (1384),
Domènec Bellot (1401), Pere Esteve
(1406), Antoni Salat (1424), Jaume de Sant
Celoni (1427), Sanç Llopis (1437),
Bertomeu Samella (1440), Andreu Pasqual
(1449) y Alfons Roís
(1452).
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Santa Pola, hoy
una urbe poblada de gentes que la buscan
para satisfacer sus vacaciones estivales.
No lo fue así en el pasado. Piensen
en ello, su paisaje de antaño,
agreste, montaraz, seco, pero
indiscutiblemente bello, con el Cap de
l´Aljub señoreando el litoral
y aquella torre de la que toma nombre, hoy
desaparecida, como único
vínculo de los ilicitanos con el
inmenso mar.
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Articulo:
David Garrido
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