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Déjenme
mostrarles un poco y
conozcamos, rememorando
el interés y la
imaginación de lo
que otrora fue la
bahía de Santa
Pola, el sinus
ilicitanusromano. En
algunas fuentes escritas
y cartográficas
se alude a Santa Pola, a
veces, como "La Isla de
Santa Pola". Este mismo
nombre de "Isla de Santa
Pola" se identifica, en
otras ocasiones, con
Tabarca mismo. Aunque la
mayoría de las
fuentes que se
referían a la
Isla de Santa Pola es lo
que luego, al
transcurrir del tiempo,
es lo que dio lugar a la
alquería o el
lugar de Santa Pola,
donde luego se
transformaría en
la villa de Santa
Pola.
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El
castillo de Santa Pola
estaba a un tiro de
arcabuz del mar (unos 50
metros aproximadamente)
y las descripciones
geográficas de
nuestro pueblo
allá en
época
prehistórica nos
mostraba esta
área
geográfica como
unos arrecifes sobre lo
que ahora es,
precisamente, la Sierra
de Santa Pola. La
albufera rodeaba Santa
Pola y, poco más,
las aguas llegaban hasta
aguaamarga y los
saladares cercanos al
aeropuerto,
extendiéndose
quizás desde las
salinas de Torrevieja.
Así, antes,
podría navegase y
recrearse llegando desde
el interior bajando por
el río Segura
hasta la gran laguna del
sinus ilicitanus.
Podría apreciarse
la entrada por agua
desde las salinas de
Torrevieja, a
través del Hondo,
los saladares de
Albatera, las salinas de
Santa Pola, el Clot del
Galvany hasta llegar a
aguaamarga.
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En
realidad, esto era cosa
de una grandísima
desembocadura del
río Segura que se
unía a la del
Vinalopó,
formando todo un delta
donde se asentaban
antiguos poblados
Ibéricos; La
Escuera, Cabezo Lucero,
la Alcudia, la Picola.
¿Se evaporó
acaso el agua? En parte
si, pero en parte no. La
acción del hombre
tuvo mucho que ver. Lo
desecaron
¿Cuál fue el
inicio de la
desecación? La
Iglesia. O más
exactamente un personaje
eclesiástico de
hace, relativamente,
poco tiempo. Hablamos
del siglo XVIII. Lo que
antes era delta de
río y pantano se
transformó y ha
llegado ahora
transformado en rica
huerta del bajo
Segura.
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Este
personaje fue
Luís de Belluga y
Moncada, obispo de
Cartagena por aquellos
años. El
personaje en
cuestión
nació en Motril
el 30 de noviembre de
1662, subiendo por el
escalafón
eclesiástico
rápidamente
contó con los
valiosos favores del rey
Felipe V, a quien
apoyó en la
guerra de
sucesión
española, tomando
partido por los borbones
contra los austrias.
Así fue regalado
con el obispado de
Cartagena y
posteriormente nombrado
por el Papa Clemente XI
como cardenal en 1724.
La vitola de este
cardenal en su tiempo
fue de reforma dor de
costumbres sociales y
benefactor de la
sociedad. En tales,
fundó 33
montepíos,
desecó pantanos.
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La
desecación del
bajo Segura la
persiguió con el
fin de obtener
rendimientos
económicos de las
tierras que apacentaba
este pastor de la
Iglesia (capitalismo
estilo dieciochesco)
motivo que unió a
la intención de
mejorar la salud de sus
pobladores, ya que los
pantanos y aguas
estancadas eran foco de
infecciones, sobretodo
de paludismo.
También, se
decía, se
desecaron las tierras
para evitar que los
malhechores se
escondiesen allí
en verano, cuando el sol
apretaba, el agua no
caía y se
desecaban algunas zonas,
dejando entre la maleza
lugar de cobijo y
resguardo para bandidos.
Aquella
desecación tuvo
lugar a principios del
siglo XVIII.
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Ya
sobre el año de
1720 estuvo finalizado.
Se consiguió un
gran entramado de
acequias madres o
mayores que toman
directamente sus
caudales del río
Segura o reciclan los de
azarbes; de ellas se
alimentan las acequias
menores o arrobas y de
éstas los
brazales, sangrados a
sus vez por la hijuelas.
Esta red de riego se
completa con otra de
avenamiento o aguas
muertas que recibe las
expurgaciones, amarguras
y salobres de las
tierras (así lo
describe Gil Oncina). Se
crearon tres nuevas
poblaciones, lo que
ahora es Dolores, San
Felipe Neri y San
Fulgencio, conocidas
como Pías
Fundaciones.
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Para
Cavanilles fue una buena
obra, y la describe
así: "eran en
otro tiempo un suelo
yermo, salobre, baxo,
húmedo y muchas
veces anegado, donde
crecían
salicornias,
sálsolas y
multitud de plantas que
aman la humedad. Eran un
manantial perenne de
enfermedades rebeldes
que degeneraban muchas
veces en epidemias
pestilenciales, cuyo
contagio cundía
por la huerta haciendo
estragos y apocando el
número de
vecinos... Deseoso de
remediar estos
daños el
señor cardenal de
Belluga, concibió
el proyecto de destruir
la verdadera causa,
purificando el suelo que
exhalaba miasmas tan
perniciosos. Era preciso
secarlo excavando
azarbes y abriendo
multitud de canales por
donde las aguas
corriesen con libertad
hacia el río y la
albufera de Elche. Todo
se logró en pocos
años; el suelo se
levantó a mayor
altura.
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Con
la tierra de las
excavaciones las aguas
embalsadas antes en la
superficie baxaron en
busca de los nuevos
canales y los sitios
aguanosos quedaron secos
y se convirtieron en
huertas. Todo ello fue
preciso para que los
hombres se estableciesen
en un sitio mirado con
horror hasta aquel
tiempo. Al paso que la
experiencia demostraba
ser fértil y
sano, se aumentaban los
vecinos, los campos
antes cenagosos dieron
en breve maíz,
trigo y hortalizas, los
salobres perdieron en
gran parte su acrimonia
con las labores abonos y
riegos.
Plantáronse
moreras, olivos,
viñas, frutales
de toda especie y
naranjos de la china. Si
no se hubiera desecado
este lagunar que efectos
hubiera tenido en la
población.
Cómo sería
ahora Santa Pola.
Cómo
seríamos los
santapoleros. Preguntas
que, alomejor,
intentaremos imaginar
respuesta en otro
momento.
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