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NOVA
TABARCA
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Vuelven
los días de
asueto veraniego y cual
ilicitano en busca de
las playas comarcales,
la Vila Murada
también se
atavía con
bañador y gafas
oscuras. Ya sé,
todavía no ha
llegado San Jaime,
jornada festiva que
inicia la gran
emigración hacia
el litoral, pero ya nos
vamos haciendo a la
idea.
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Yo
continuaré al pie del
cañón, tratando de
alegrarles los domingos del
estío con algún
relato histórico que sea
de su interés, que si
tiene algo de refrescante mejor
que mejor. Como haber no hay
ninguna razón en concreto
entre las efemérides de la
semana para elegir el tema de
hoy, pero lo tenía
pendiente en mi agenda y
qué más indicado
para abrir el verano que un
artículo sobre la isla a
tocar del Cap de l´Aljub,
ilicitana durante siglos, pero
que desde la segunda mitad del
siglo XVIII fue adscrita a
Alicante. La isla Plana, de Santa
Pola, hoy Nova Tabarca o
simplemente Tabarca, como su
homóloga de la costa
tunecina, es conocida desde la
antigüedad. Ya Avieno (s.
IV) parece que la cita en su
«Ora marítima»,
aunque dice que allí, en
Planesia, vivían los
gymnetes, lo que es del todo
increíble dadas las
pequeñas dimensiones de la
ínsula. Siglos antes
Estrabón (s. I)
indicó la existencia de
dos islotes cercanos a Dianium
(Dénia), Planesia y
Plumbaria. Por su parte, el
geógrafo árabe
al-Idrîsî (s. XII),
en la descripción que hizo
de Al-Andalus, cita la isla de
Iblanîsa (transcribo
según los cánones
del árabe clásico)
junto al Tarf an-Nathûr
«el promontorio del
vigía». Joan Antoni
Maians (s. XVIII), el autor de
«Ilici, hoy la villa de
Elche», hace gala de su
erudición para atribuir su
nombre a los griegos focenses de
Marsella, bautizada así
por el peligro de sus arrecifes
para la navegación;
así, Planesia,
sería un derivado del
verbo griego
«planadsein», con el
significado de
«engañar», pues
la mansuetud de sus aguas
podría llevar a
engaño.
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Llamada
también de Santa Pola y de
Sant Pau, el escritor
regnícola Gaspar Escolano
la creyó una
corrupción de
«Apollonis insula» o
«Sacrum Palladis», es
decir, la isla de Apolo o el
templo de Palas, e incluso el
ilicitano Vicent Bendicho,
deán de Alicante lo
siguió en la
crónica que hizo de la
ciudad del Benacantil, ambos del
siglo XVII. Isla de Santa Pola
fue el nombre que lució
durante la mayor parte de su
historia, legándolo a la
vecina localidad continental,
hasta que el establecimiento, en
1769, de los cautivos genoveses
rescatados por Carlos III, le dio
el nombre actual de Nova
Tabarca.
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Desde
mediados del siglo XX se han
llevado a cabo excavaciones
arqueológicas en la zona,
encontrándose gran
cantidad de vestigios de
época romana, generalmente
ánforas de los
navíos que naufragaron en
sus cercanías y hay quien
habla de un asentamiento
permanente entre los siglos IV y
VI. Faltos de noticias de
época andalusí,
desde los inicios de la
dominación cristiana la
isla perteneció a Elche.
El 18 de febrero de 1337 el
señor de la «vila
d´Elx i el lloc de
Crevillent», el infante
Ramon Berenguer, dio permiso al
Consell ilicitano para construir
una torre de defensa en el
islote, hasta entonces utilizado
en las actividades pesqueras de
la población del litoral,
aunque téngase en cuenta
que no fue hasta el 3 de
noviembre de 1527 que no se
fundó la Santa Pola de
tierra firme.
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Elche,
celosa de su jurisdicción
sobre la isla y costa adyacente,
decretó en 1370 que las
capturas de los pescadores que
faenasen por aquellas aguas
fuesen llevadas a Elche y no a
otros lugares sin la
autorización del Consell.
Ello provocó roces con la
vecina Alicante, pues sus
pescadores también
faenaban por ese litoral. En 1401
se denuncian las actividades de
un pescador alicantino, de nombre
Jaume Guill, que no
cumplía la
legislación ilicitana. El
Consell, aprobó armar una
barca que impidiese la presencia
de furtivos y dado el caso su
detención.
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La
piratería es un problema
endémico de nuestros mares
desde tiempo inmemorial. Parece
ser que la torre autorizada por
el infante Ramon Berenguer
jamás llegó a
construirse, pues en 1417 el
vecino de Alicante Bartomeu Vidal
propuso de nuevo su
construcción para prevenir
los ataques piráticos.
Desde agosto de 1470 la familia
Cárdenas se hace con la
señoría de Elche,
Crevillent y toda la comarca del
Baix Vinalopó. De los
años 1480-83 data un
primer amojonamiento de los
términos de Elche y
Alicante, donde se ratifica la
posesión de la isla por la
villa ilicitana.
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Vicent
Bendicho da noticia de la
abundancia de conejos en la isla
y que era costumbre del duque de
Maqueda y marqués de Elche
ir a cazar. De este autor
también es la
anécdota que en una de
esas jornadas cinegéticas
quedó un perro del duque
en la isla, a lo cual el
señor ilicitano
mandó una barca con
veinticuatro hombres para que lo
buscasen, con tan mala suerte que
fueron atacados por corsarios
berberiscos y llevados cautivos a
Berbería.
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Y es que
el problema de la
piratería no se
resolvió hasta que la isla
no fue habitada de manera
permanente. En 1769 se
establecieron los genoveses de la
isla de Tabarca, en la costa de
Túnez, que habían
sido rescatados del cautiverio
por intercesión del rey
español Carlos III. Pero
el establecimiento de los
genoveses significó
también el cambio de
jurisdicción, y la isla,
tras pasar por manos reales fue
cedida a Alicante, que la
rigió desde entonces hasta
hoy, de la cual es
pedanía. Nació un
pueblo nuevo, el lugar de Sant
Pau o Nova Tabarca, con una
población peculiar, tal y
como expresan los apellidos de
sus habitantes.
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Articulo:
David Garrido
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