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BAIX
VINALOPO
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El
litoral del Baix
Vinalopó,
comarca de la provincia
de Alicante formada por
los municipios de Elche,
Santa Pola y
Crevillente, es una
franja de costa
mediterránea de
aproximadamente 30 kmts.
de longuitud
extendiéndose
desde la playa de Agua
Amarga en el norte,
hasta la desembocadura
del rio Segura en el
sur.
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ARTICULOS/
MARCADOS POR LA FALTA DE
AGUA
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Lluvias
irregulares y escasez de
recursos hídricos
han condicionado
históricamente
las comarcas del
Vinalopó.
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Apenas
se ponen de acuerdo los
entendidos sobre el
nacimiento del
Vinalopó, que
aparece y desaparece por
mor del estiaje y la
falta de precipitaciones
y, cuyo valle, eje de
comunicación de
todo el suroeste de la
Comunidad ha
desarrollado una
actividad
económica en
permanente
desequilibrio. Ahora,
como en tiempos
históricos,
reclama más agua
de las cuencas del norte
mientras su trasvase se
ha convertido en uno de
los más
controvertidos
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Cuenca receptora
de los excedentes del Júcar si
finalmente hay trasvase, las comarcas del
Vinalopó han dado de beber al sur
de la Comunidad durante siglos. Un
río salobre en la mayor parte de su
curso, hoy prácticamente muerto, y
que va a desembocar a uno de los humedales
más importantes de la
geografía valenciana, la laguna del
Fondó. Tierra de gente emprendedora
a pesar del endémico déficit
hídrico, en el valle del
Vinalopó convive la agricultura,
con la vid como producto estrella, y una
floreciente industria. Las grandes urbes
de Alicante y Elche resolvieron el
problema del agua para consumo
trayéndose las aguas de los
acuíferos del Vinalopó,
hasta que el trasvase Tajo-Segura, hoy en
día también cuestionado
desde Castilla-La Mancha, consiguió
aplacar su sed durante décadas.
Alicante bebe desde finales del siglo XIX
de los pozos de Sax y el canal del Cid,
que todavía proporcionan agua, cada
vez menos, a la ciudad. Ello ya
originó serios problemas entre la
capital provincial y los municipios de
Sax, Elda, Novelda y Elche.
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El corredor del
río Vinalopó ha sido la
vía tradicional, desde la
Antigüedad, de comunicación
del centro y el sur valencianos. Tal vez
el valle del río Alebus citado por
el geógrafo latino Rufo Festo
Avieno en su «Ora maritima», ha
servido para comunicar el norte peninsular
con las ciudades de Ilici, en el curso
bajo del río, y
Cartagena.
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En las
postrimerías del dominio
islámico todo el valle estaba
adscrito al sultanato de Muhammad ibn Hud
de Murcia, que el 2 de abril de 1243 se
sometió a Fernando III de Castilla.
El tratado de Almisrà (1244)
significó la delimitación de
las conquistas, por el sur, de Jaime I.
Castilla renunció a la
posesión de Xàtiva, a cambio
de que los catalano-aragoneses se
detuviesen en la cabecera del
Vinalopó. Jaime I, sin embargo,
volvió a estas tierras en 1265,
cuando sometió definitivamente el
reino de Murcia. El Vinalopó
cayó de la parte de Castilla,
controlado en su mayor parte por la
familia Manuel, hasta que en 1296 Jaime II
lo conquistó. La Sentencia Arbitral
de Torrellas (1304) y el Acuerdo de Elx
(1305) configuraron el sur valenciano -con
algunas excepciones- tal y como lo
conocemos hoy. Villena y Sax, reconocida
la propiedad en la familia Manuel,
finalmente revertieron en Castilla cuando
esta familia emparentó con los
Trastámaras reinantes en aquel
reino a finales del siglo XIV. Hoy el
valle del Vinalopó une cuatro
comarcas del sur valenciano.
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El río
Vinalopó, si todavía puede
llamarse así, se cree nace en
término de Banyeres, en las
estribaciones meridionales de la Serra de
Mariola. A poca distancia de la
población las capas arcillosas
terciarias desaparecen bajo el aluvial y
el río adopta la apariencia de un
cauce seco hasta desaparecer por completo
en las inmediaciones de Beneixama,
confundiéndose su curso con las
planicies del Camp de Mirra i la Canyada.
Ya en Villena, el cauce toma nuevos
bríos y su curso tuerce en
dirección sudoeste, para coger
definitivamente la dirección sur
entre la Peña Rubia y los Picachos
de Cabrera. El río recibe las
aportaciones de las aguas procedentes del
Castellar, el cabezo de la Virgen y las
lomas de Carboneras. La inexistencia de
cauce desde Beneixama a Villena ha hecho
pensar que el Vinalopó naciese en
Los Prados de Caudete. Incluso el
Gráfico de carreteras y caminos
vecinales, editado por la
Diputación de Alicante en 1933,
omite cualquier referencia a su nacimiento
en Banyeres y lo sitúa en los
confines de las provincias de Alicante y
Albacete. Desde el Alt Vinalopó, el
río recorre las otras comarcas del
valle, donde incluso pierde su nombre para
convertirse sencillamente en la
Rambla.
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Los materiales
arcillosos e impermeables detienen la
circulación del agua
subterránea, que queda acumulada en
abundantes acuíferos, que
tradicionalmente han dado de beber a otras
comarcas, incluida l´Alacantí.
Sin embargo, el problema del agua de
consumo en el curso bajo no se
solucionó hasta bien entrado el
siglo XVIII. Ya de 1420, desde Elche, data
la primera demanda de traer las aguas del
Júcar, que se repitió en
1668, lo que se ha convertido en una
reivindicación tradicional de los
agricultores de estas tierras. Para
intentar paliar la escasez de agua, en el
Baix Vinalopó se construyó
una de las obras hidráulicas
más antiguas de la
Península, el pantano, que data de
1640, aunque las lluvias torrenciales de
1793 lo inutilizaron.
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Hoy en
día, el problema local o comarcal
adquiere otra dimensión al
reclamarse el agua de una cuenca alejada
como la del Júcar y existir los
medios para realizar el trasvase, no como
en los siglos XV y XVII. No obstante, una
situación como la actual ya se
vivió en los inicios del siglo
pasado, cuando las repetidas
sequías y la
sobreexplotación de los
acuíferos del Vinalopó, que
viene de lejos, amenazaron el
abastecimiento de Alicante y su comarca.
Según los expertos el Alt
Vinalopó podría ser, a pesar
de todo, autosuficiente, si se le
devolviesen los recursos propios que
abastecen sin ningún control a las
localidades costeras, mientras Les Valls
del Vinalopó y el Vinalopó
Mitjà podrían contar con el
agua del Júcar vía el canal
del Taibilla, hasta 15 hm3 al año,
para usos urbanos, lo cual
liberaría los recursos locales para
la agricultura. Problema aparte son las
comarcas litorales, que por fuerza
tendrán que recurrir al agua
desalada para uso urbano y reciclada para
el agrario. La desalación,
según el Ministerio de Medio
Ambiente, supondría la
solución, pero no gusta a
organizaciones empresariales y
agricultores.
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